Una de las más recientes biografías del revolucionario ruso León Trotsky, El revolucionario indomable (en la traducción española, editada por Península), Joshua Rubenstein se hace eco de un artículo del investigador William Chase en el se pone sobre la mesa la disposición del fundador del Ejército Rojo a colaborar con el FBI y con el senador estadounidense Martin Dies, presidente del Comité de Actividades Antiamericanas (o HUAC, por sus siglas en inglés) entre 1938 y 1944. En concreto, en otoño de 1939, cuando Trotsky intentaba conseguir por todos los medios un visado de entrada en los Estados Unidos (dada la precaria situación de su asilo en México), el propio comité contactó con él y las autoridades consulares norteamericanas recibieron como respuesta el ofrecimiento de información sobre el funcionamiento del stalinismo y sus agentes a ambos lados de la frontera. Este conato de colaboración se produjo en unas circunstancias extremas para Trotsky, en las que su vida corría peligro, las amenazas de atentados eran continuas –incluso por parte de intelectuales de reconocida influencia, como el muralista David Alfaro Siqueiros- y, en efecto, finalmente se consumaron en forma trágica, a través del agente del NKVD procedente del comunismo catalán Ramón Mercader. Y aun así, el conocimiento de este hecho parece enfangar todavía más el turbio episodio del desgraciado paso del mencionado comité por la industria de Hollywood durante la Guerra Fría y de la ruina moral que puso fin a la mejor época del cine estadounidense, a raíz de que algunos de sus protagonistas se prestasen a poner fin a la carrera de algunos de sus compañeros a cambio de impunidad.
