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22 de febrero de 2018

De Palma y Van Sant, autores de Psicosis

Cuando hablamos sobre las relaciones entre literatura y cine, solemos circunscribirnos a su aspecto más superficial: novelas que dan lugar a películas y la primacía de unas sobre otras o al revés, el respeto escrupuloso o no al argumento, la fidelidad a la letra de la narración en la escritura del largometraje. Sería interesante ahondar en otro aspecto, que creo significativo sacar a colación aquí, que es el de las ideas literarias que llegan hasta el cine de manera mucho más indirecta y porosa y acaban por enriquecerlo de forma notoria. 

Uno de esos casos es el del cuento Pierre Menard, autor del Quijote, de Jorge Luis Borges,  notoriamente olvidado en la pésima recepción crítica que tuvo en su día Psycho, de Gus Van Sant, cuyo estreno produjo calificaciones como las siguientes: "desvergonzado engendro, golfa imitación, un atraco", "una auténtica fotocopia (...) desfachatez y morro". Una recepción tan hostil bebía sin duda de la extendida creencia de que un remake, cualquier remake, es síntoma de falta de ideas; la originalidad, entendida como la utilización de un argumento novedoso y, a ser posible, contemporáneo, es la que certificaría buena parte del mérito de un cineasta. La técnica, por otra parte, queda a un lado: si Van Sant decide imitar la perfección técnica de Alfred Hitchcock, eso sería sinónimo de "morro"; si lo hiciese de un cineasta ignoto o con menos talento, ante el cual podría con facilidad sacar pecho y "superar", entonces el panorama cambiaría, porque la película original que sirve como fuente estaría menos masticada (o, quizá, sería totalmente desconocida) para el crítico de turno. 

26 de noviembre de 2016

OUFF 2016 (2): Poliédrica invasión

Para comentar las obras más destacadas que pudimos ver en el Festival de Cine de Ourense debemos centrarnos en un foco que fue la imagen de esta 21ª edición del certamen: el de Hugo Santiago y, en concreto, en su obra más legendaria, Invasión, largometraje realizado en 1969 y sobre cuya fuerte carga histórica es difícil exagerar: en sus imágenes creemos estar viendo una prefiguración de lo que posteriormente fue denominado (a propósito de una de las novelas cumbre que intentaron representar esta ominosa época: Respiración artificial, de Ricardo Piglia) "el Auschwitz argentino". Aunque rodada durante la dictadura previa de Juan Carlos Onganía -y su cronología la trasladaría a la del general Pedro Eugenio Aramburu- la dramática realidad que se concretó en la matanza que tuvo lugar en suelo argentino bajo la prosaica denominación de Proceso de Reorganización Nacional ofrece aquí buena parte de sus síntomas, que cinematográficamente se ven representados mediante la construcción, en la sitiada ciudad de Aquilea (trasunto de Buenos Aires) de un ambiente enrarecido y conspirativo (que nos recuerda a la atmósfera característica del cine de Jacques Rivette), en unos encuadres heterodoxos, planos fugaces, ruidos estridentes y desfasados y una iluminación tan deudora del neorrealismo como de la nouvelle vague.