21 de abril de 2017

Retrato de la duda con Chris Marker al fondo

Este blog acaba de cumplir 11 años y un mes. No parece una efeméride especialmente propicia para la celebración, a no ser que por alguna extraña superstición cabalística festejemos estúpidamente la "curiosidad" del 11 años, 1 mes, 1 día, 1 minuto y 1 segundo transcurridos desde tan intrascendente acontecimiento. Hubiera sido más propio, quizá, celebrar el décimo aniversario el pasado año, pero la cifra estaba demasiado puesta en cuestión por la peculiaridad de que esta web estuvo seis años en barbecho, sin actividad alguna, lo que reduce notablemente el supuesto mérito de conmemorar "una década (falsa) escribiendo". 

Por otra parte, cualquier entrada que se lea hoy de la primera época (2006-2008) no queda en muy buen lugar: son textos demasiado breves y superficiales como para merecer un festejo, y la única razón por la que hoy permanecen accesibles en la red es por mostrar las propias carencias: creo que, al menos en este caso, conviene asumir los defectos y virtudes del pasado como elementos inseparables de la personalidad del presente. 

28 de marzo de 2017

Verdad cinematográfica, verdad histórica


Llego, a través de una recomendación en redes sociales del crítico argentino Marcos Gustavo Vieytes, a la arcana película húngara de 1982 La elección de Hanna B (extraña traducción del original Egymásra nézve o del inglés Another way, con ninguna Hanna entre los personajes principales), dirigida por Károly Makk y János Xantus. El motivo: su aparente influencia en Carol, temática por un lado (una mujer casada se enamora de otra mujer, en los años 50 y en un contexto nada propicio para ello) y cromática por el otro (una secuencia navideña, con tonalidad y ambiente semejantes, que parece transcurrir en paralelo en los dos largometrajes). Como afirma el propio Vieytes: 
Veinticinco años antes que Carol hubo otra navidad, otro piano, otros cigarrillos, otro viaje, otro hotel y otras amantes descubriéndose, una rubia y otra morocha, una diva y otraa admiradora.

7 de marzo de 2017

Dovzhenko dijo no


Cada vez que leo o escucho la palabra "trasnochar", por una de esas extrañas asociaciones de ideas, me acuerdo de Krasnoyarsk, una región rusa de la que fue elegido gobernador, hace dos décadas, el general Alexander Lebed. Lebed era entonces una figura política al alza, un líder carismático en la incierta Rusia poscomunista, un nacionalista de derecha que se confesaba admirador de Franco y Pinochet. Tras serle concedido un supuesto tercer lugar en las fraudulentas elecciones de 1996, en las que Boris Yeltsin revalidó su cargo frente al candidato comunista y favorito Guennadi Ziugánov, los medios hablaban de Lébed como el futuro líder del país, a pesar de sus más que diestras ideas, por el poco empuje del entonces ya obviamente alcohólico presidente y por la convicción de que cualquier opción que se asociase al pasado soviético era "inelegible" (la profecía se autocumplió con el fraude contra Ziugánov). El FMI, con su director gerente Michel Camdessus al frente, se encargaba de recordarlo.


28 de febrero de 2017

La señal luminosa y los argumentos doblegados


De entre las muchas ideas que Douglas Sirk va soltando sobre su concepción del cine en el libro de entrevistas Sirk on Sirk (que cuenta con dos ediciones en español: en Fundamentos, de 1973, y en Paidós, de 2002), del futuro biógrafo de Mao Jon Hallyday, hay dos que parecen muy presentes en los largometrajes que el cineasta nacido en Hamburgo rodó con Rock Hudson y Jane Wyman como pareja protagonista, Obsesión (1954) y Sólo el cielo lo sabe (1955). La primera de ellas hace alusión a su visión del happy-end, el forzado final feliz propio del folletín que el Hollywood clásico hizo suyo:
Ustedes saben que la tragedia griega es fundamentalmente pesimista. Pues bien cuando una película está a punto de acabar, Dios —un dios— se une a la acción y transforma la situación para ir a mejor, a fin de que el público pueda abandonar la sala y gozar de una noche de plácidos sueños... Tiempo atrás comparé el happy end con la señal luminosa roja—EXIT— que hay en los cines: la salida de urgencia. En caso de declararse fuego, o si en caso de guerra se produjese un bombardeo, hay una salida, puedes escabullirte hacia el exterior, reencontrar la luz del día, TE PUEDES SALVAR... Es un punto de vista irónico.

17 de febrero de 2017

Sin permiso del cielo


Fijémenos en los detalles de este cartel de Sólo el cielo lo sabe (1955), de Douglas Sirk. ¿Qué vemos? En primer lugar, como principal reclamo, los nombres de las dos estrellas protagonistas, Jane Wyman y Rock Hudson, en una tipografía de tamaño incluso mayor que el propio título del film. Contrastemos este despliegue con la ubicación del nombre del cineasta: aparece en una pequeña línea inferior del cartel, después de los actores secundarios y solo prevaleciendo sobre el nombre del guionista y del muy relevante productor, Ross Hunter. No hay, pues, rastro de alguno de la intención de presentar, por parte del estudio, una película "de" Douglas Sirk, sino de dos estrellas y de su romance, con el añadido, casi subversivo para la época, de la diferencia de edad en favor de la protagonista femenina (Jane Wyman era ocho años mayor que Rock Hudson, aunque en la película la diferencia de edad es mayor y ella es viuda). Añadamos: en 1955 no estaba ni mucho menos popularizada la noción de "autoría" en el cine, pero desde luego sí había cineastas cuya presencia gráfica en los carteles de sus películas era mucho más notoria. El más significativo en este sentido, y sin salir de Hollywood, era Frank Capra, que no en vano tituló sus memorias El nombre delante del título.

26 de enero de 2017

Los odiosos ocho y sus fragmentos de historia


Existen unas coordenadas políticas en las que se mueven el cine y la visión de la Historia de Quentin Tarantino y que dan sentido, más allá de su evolución estética, al discurso de fondo de sus películas. Si para explicar la continuidad entre Malditos bastardos y Django desencadenado el cineasta declaró, en una entrevista y con una contundencia poco habitual entre su gremio, que “la Esclavitud es el equivalente americano al Holocausto”, en Los odiosos ocho se adentra en cuestiones tan relacionadas con su anterior largometraje como las secuelas de la Guerra de Secesión, la causa de la Confederación y los métodos y la personalidad de buena parte de quienes la defendieron.  

19 de enero de 2017

La absurda lógica del capital


Entre las muchas listas publicadas recientemente con "el mejor cine del año", me ha llamado la atención, por su exhaustividad, la del habitualmente citado Miguel Marías, al que vuelvo a sacar a colación por el corolario final a su relación de películas destacadas, en el que comenta su "desconcierto" porque una obra como Toni Erdmann haya sido, para un buen número de críticos, considerada la película más relevante de 2016, no encontrando en ella valor "de ningún tipo". La opinión de Marías no es la única a este respecto, y no debería causar ningún tipo de sorpresa: con cada película que genera un cierto grado de consenso, surge también su grupo de disidentes, que aseguran no entender al resto y consideran que hay algún tipo de error de apreciación generalizado, cuando no una clamorosa ausencia de inteligencia del grupo mayoritario o minoritario, según los casos.

22 de diciembre de 2016

El mejor cine de 2016. Razones para una lista


La forma más sencilla de actualizar un blog de cine es a través de una lista: escogemos bien la excusa, pergeñamos un pequeño párrafo introductorio que justifique el limitarnos a enumerar diez o más películas, añadimos una fotografía vistosa para cada film y ya tenemos una forma fácil y popular de, en lenguaje posmoderno y neoliberal, "generar contenidos". 

12 de diciembre de 2016

La restitución del cine de la República Democrática Alemana


El pasado mes de marzo, en una entrevista incluida como parte de una serie de conversaciones con críticos de cine de la publicación electrónica El cine en que vivimos, el veterano (y recientemente galardonado con el Premio Fénix del cine iberoamericano) Miguel Marías afirmaba, como respuesta a una pregunta sobre la piratería:
No tengo claro que los mayores piratas no sean quienes editan 'legalmente' (y quienes lo legalizan en el ICAA) DVDs con el logotipo de TNT visible (no se cuidan), reducida a la mitad de su metraje o sin respetar su formato, o que son meros traslados a disco de DVD de masters de VHS (¿por qué si no tienen duraciones de ir a 25 ips en lugar de a 24?). Es decir, precisamente quienes más claman. Bajarse si está en la red lo que nadie edita (o edita mal) no es piratería sino restitución, reparación, impaciencia o curiosidad.

26 de noviembre de 2016

OUFF 2016 (2): Poliédrica invasión

Para comentar las obras más destacadas que pudimos ver en el Festival de Cine de Ourense debemos centrarnos en un foco que fue la imagen de esta 21ª edición del certamen: el de Hugo Santiago y, en concreto, en su obra más legendaria, Invasión, largometraje realizado en 1969 y sobre cuya fuerte carga histórica es difícil exagerar: en sus imágenes creemos estar viendo una prefiguración de lo que posteriormente fue denominado (a propósito de una de las novelas cumbre que intentaron representar esta ominosa época: Respiración artificial, de Ricardo Piglia) "el Auschwitz argentino". Aunque rodada durante la dictadura previa de Juan Carlos Onganía -y su cronología la trasladaría a la del general Pedro Eugenio Aramburu- la dramática realidad que se concretó en la matanza que tuvo lugar en suelo argentino bajo la prosaica denominación de Proceso de Reorganización Nacional ofrece aquí buena parte de sus síntomas, que cinematográficamente se ven representados mediante la construcción, en la sitiada ciudad de Aquilea (trasunto de Buenos Aires) de un ambiente enrarecido y conspirativo (que nos recuerda a la atmósfera característica del cine de Jacques Rivette), en unos encuadres heterodoxos, planos fugaces, ruidos estridentes y desfasados y una iluminación tan deudora del neorrealismo como de la nouvelle vague. 


10 de noviembre de 2016

OUFF 2016 (1): En busca de una identidad


Volvemos al Festival de Cine de Ourense (OUFF) nueve años después, tras un levísimo contacto anterior derivado de haber nacido y vivido en la misma provincia en que se celebra. A pesar de esta circunstancia biográfica, debemos aclarar -no en menoscabo de la existencia del festival, pero sí de su repercusión durante la mayor parte de su historia- que el certamen no ha tenido ningún papel en nuestra educación cinematográfica, en la que el protagonismo principal corresponde, al menos en las etapas iniciales, al Cineclube de Compostela -algunos de cuyos fundadores forman hoy parte del sobresaliente proyecto cooperativo de Numax-. 

4 de octubre de 2016

Zinemaldia 2016 (7): Recuerdo de una idea

El mismo párrafo introductorio que empleamos para escribir sobre La larga noche de Francisco Sanctis y el contexto que le da sentido, sería pertinente también para La idea de un lago, segundo largometraje de la argentina Milagros Mumenthaler que, procedente del Festival de Locarno, estuvo presente en la sección Horizontes Latinos de Zinemaldia. Porque este melancólico y profundamente evocador largometraje está atravesado, al igual que la ópera prima conjunta de Andrea Tesla y Francisco Márquez, por los efectos del Proceso de Reorganización Nacional (inquietante nombre técnico que se dieron a sí mismos los gobiernos comandados por las Juntas Militares argentinas entre 1976 y 1983) aunque, en lugar de mostrarnos su plasmación en una peripecia cotidiana y en un cuadro de pánico generalizado, nos enseña sus consecuencias en el presente, cuatro décadas después, en lo que podría ser la continuación en la vida de los descendientes de alguno de los atemorizados protagonistas que allí luchaban de forma imposible para no ser tragados en el océano de represión. Esta obra también puede ser leída como una metáfora del traumático paso de la infancia a la adolescencia y de ahí a la edad adulta, aunque resulta imposible obviar la atroz fisura histórica que la atraviesa, situada en marzo de 1977, que se manifiesta como una herida de imposible curación que parte en dos la conciencia y la concepción del mundo de los protagonistas de la historia, por jóvenes que fuesen entonces y quitando la razón al superficial dicho de que el tiempo todo lo arregla.



2 de octubre de 2016

Zinemaldia 2016 (6): La crispación al alcance de todos

Después de más de una década en la que la cinematografía rumana ha acudido con regularidad a los principales festivales de cine del mundo, ganando premios y causado impacto por la relevancia sus aportaciones en la mayor parte de ellos, desde que La muerte del Sr. Lazarescu (Cristi Puiu, 2005) diese el pistoletazo de salida ganando la sección Un Certain Regard en el Festival de Cannes, ya podemos decir que está lejos de ser una moda: se trata de una generación de cineastas consolidada, con unos referentes comunes (y no solo entre los más conocidos maestros del cine europeo: Lucian Pintilie, director de la lejana y seminal Reconstituirea y co-productor de la película que ahora nos ocupa, es otra influencia clave) en la que al menos media decena nombres (el mismo Puiu, Corneliu Porumboiu, Cristian Mungiu, Calin Peter Netzer, Radu Muntean) tienen ya obra suficiente como para ser valorados por sí mismos y para que cada una de sus nuevas creaciones sea esperada con expectación, más allá del país y la generación a la que pertenecen. 



Dejando sentado este hecho, Sieranevada es un largometraje que, nos atreveríamos a decir, supone uno de los puntos culminantes la cinematografía y la generación mencionadas  y que, desde aquí, debemos considerar la más trascendente de la cosecha llegada al Festival de Donostia procedente de Cannes, lo que en la práctica equivale a decir: la película más importante mostrada durante la 64 edición de Zinemaldia. 

30 de septiembre de 2016

Zinemaldia 2016 (5): El terror dentro del cuerpo

Existe una imagen muy gráfica, relatada en las memorias de Jorge Masetti (hijo del periodista y revolucionario del mismo nombre) El fulgor y el delirio, sobre lo que sucedió en Argentina entre 1973 y 1983: en el primer año, las elecciones presidenciales estuvieron marcadas por la efervescencia revolucionaria; el triunfo de los ideales socialistas parecía estar a la vuelta de la esquina, los carteles del Che Guevara se multiplicaban por doquier y el entusiasmo y la alegría desbordaban las calles. Diez años después, otras elecciones, justo después de que la Junta Militar que había gobernado desde 1976 se viese obligada a entregar el poder, transcurrían bajo el muy opuesto signo del silencio, el miedo y el dolor. No parece muy descabellado entender que la muy represiva dictadura que determinó el salto de un estado de ánimo a otro tan opuesto se constituyó, junto a su análogo y vecino gobierno militar chileno, en uno de los acontecimientos históricamente decisivos para llegar al estado de cosas en el que hoy vivimos, marcados por la constante pérdida de derechos laborales y sociales, el imparable vaciamiento de contenido de las democracias y su sustitución por sistemas tecnocráticos, la deslegitimación de cualquier tipo de ideología transformadora como elemento trasnochado y de imposible realización. 


Siendo su huella tan palpable en el contexto general del mundo, podemos intuir que en sus países de origen es una herida que sangra sin remedio. En el reciente Zinemaldia tuvimos  algunas muestras de ello; nos adentramos ahora en la más depurada, la más concisa y la más perfecta de todas ellas, y, seguramente y en dura competencia el último trabajo de Cristi Puiu, una de las películas más destacadas de cualquier sección del festival: La larga noche de Francisco Sanctis, ópera prima conjunta de la pareja de realizadores formada por Andrea Testa y Francisco Márquez (cada uno de ellos tiene un documental anterior en solitario). 

29 de septiembre de 2016

Zinemaldia 2016 (4): Tener y haber tenido

Dentro de las múltiples maneras de clasificar a cineastas, una de las más convincentes (aunque insuficiente y superficial, como todas las clasificaciones binarias) es aquella que separa a dos grandes grupos: por un lado, los que en cada película intentan comenzar de nuevo, plantearse un reto totalmente distinto del anterior y demostrar que pueden acometer proyectos de características muy disímiles, bien sea por su gran variedad de intereses, bien sea por su especial ductilidad y habilidad en el manejo de encargos.  Por el otro, aquellos realizadores que en cada film cogen el testigo de su obra precedente y vuelven a los mismos temas, las mismas obsesiones, parecidos personajes, similar discurso, semejantes planos. El primer grupo ha sido en general menospreciado por buena parte de la crítica y el segundo, por buena parte del público, en ambos casos por motivos a veces arbitrarios; centrándonos en los segundos, no hay duda de que no es fácil apreciar a primera vista a un cineasta de estas características si estamos familiarizados tan solo con una  pequeña parte de su obra: tiene el inconveniente de que su filmografía se explica en todo su conjunto, y la valía de cada una de sus piezas, sacadas de contexto, es mucho más relativa. 

Si hay un claro y destacado representante en el cine contemporáneo del segundo de los citados conjuntos, ése es el surcoreano Hong Sang-soo, que a la similitud temática y formal de sus películas se le añade su especial fertilidad creativa: en 20 años de carrera, ha completado 19 largometrajes y 2 cortos. La esencia de su obra se puede explicar en dos sencillos planos, incluidos en  Oki's movie (2010):