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18 de diciembre de 2024

2024: El tiempo y su noción



No puedo estar más en desacuerdo con la vieja expresión que sentenciaba que a escribir se aprende leyendo. A escribir se aprende nada más que escribiendo, y si en algún momento pensé, cuando, con periodicidad variable pero con cierta constancia, efectivamente yo escribía, que esa actividad era una obligación autoimpuesta y artificial que poco tenía que ver con el verdadero pensamiento, ahora, que me dedico de manera consciente a no escribir -o, dicho de otra manera, a evitar hacerlo- creo exactamente lo contrario: que escribir es una actividad natural que ayuda y enriquece la tarea de la reflexión, y que su falta no hace más que diluir y dejar en un lejano y olvidable limbo cualquier labor intelectual digna de tal nombre. Por eso ahora, que llega el momento de dar a la luz el único texto con intención de ser publicado de los últimos doce meses, las ideas se agolpan, impacientes, con ganas de salir de manera desordenada y poco fértil, y con ellas la advertencia: éste tampoco es el camino.

23 de febrero de 2016

Cine de tres peniques


El cineasta Pablo Llorca, en su faceta de administrador de la productora Cámara Oscura, denunció en el año 2007 al Cineclube de Compostela por haber proyectado la película Tierra negra. El periplo judicial se saldó con una multa de 250 euros para el citado cineclub, a pesar de que la película fue emitida con pleno acuerdo con el director, Ricardo Íscar, que fue quien facilitó la copia de un largometraje no emitido hasta entonces en Galicia. 

Me resulta imposible sentir ni siquiera un lejano respeto por semejante concepción de los derechos de autor, y más teniendo en cuenta que la labor del Cineclube de Compostela, aún en activo, es una de las más incompatibles que yo haya conocido con el ánimo de lucro.