En una secuencia de Mientras dure la guerra, la película que Alejandro Amenábar presentó en la Sección Oficial del Festival de Donostia, vemos al protagonista, Miguel de Unamuno, discutir sobre las implicaciones de la Guerra Civil que acaba de estallar con su amigo Salvador, profesor de literatura y, en la medida en la que el chato guion del realizador y de Alejandro Hernández se lo permite, simpatizante de la República. El diálogo entre ambos está marcado por la reciente detención y probable ejecución del habitual tercer miembro de la tertulia, Atilano, un pastor protestante miembro de la masonería, y se lleva a cabo a las afueras de la ciudad de Salamanca, dado que dentro de su casco antiguo ya no se sienten seguros para hablar. Al poco de comenzar la discusión, la cámara se eleva y una música elegante y académica ensordece la secuencia, y ya no volvemos a saber más de la literalidad de la controversia hasta que una elipsis de varias horas nos sitúa en el final de la jornada y el regreso de los dos a la ciudad.
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2 de octubre de 2019
3 de octubre de 2017
Zinemaldia 2017 (2): Señales equívocas
La concesión de la Concha de Oro a The Disaster Artist, de James Franco, vino a empañar las buenas sensaciones que nos había transmitido la sección oficial a competición, cuyos retazos de coherencia y la sutil voluntad de corregir los desafueros de la pasada edición hacían pensar que el festival de Donostia quería transmitir algo semejante a una identidad propia. Podemos considerar que el jurado que presidía John Malkovich (que se autodefinió durante el certamen como "una persona muy justa con un amplio abanico de intereses y un vasto espectro de experiencias") obró por su voluntad y se guió por su subjetivo criterio sobre la calidad, significación, oportunidad y valores cinematográficos de la obra premiada, o podemos, al contrario, especular con que el propio festival tenía interés en que el máximo galardón del palmarés fuese a recaer en esta cinta, por razones tales como el acercamiento a un público juvenil adicto al fenómeno fan, por la popularidad en internet de fenómenos trash como el que encarna el Tommy Wiseau al que alude el título o por causar un mayor impacto, en términos de imagen, en el mercado estadounidense. Sea como fuere, debemos dejar constancia de nuestra disconformidad con el hecho de haber galardonado a una película tan amable, convencional y apegada a los intereses de su biografiado que hasta renuncia a dejar constancia de los datos más básicos que se conocen sobre él (y que aquí prefiere dejar en un servil "no se sabe") y que, más allá de una cierta corrección formal, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no abrirá nuevos caminos de ningún tipo, ni al cine ni al festival, y poca huella dejará una vez transcurra el preceptivo tiempo en salas comerciales.
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