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29 de septiembre de 2021

Zinemaldia 2021 (2): La génesis de una disonancia

Hace 91 años, el escritor André Gide anotó en su diario la siguiente reflexión: 

Uno tras otro, todos esos ‘problemas’ que apasionaron a la humanidad, y sin la solución de los cuales parecía que no se podía vivir de verdad, dejan de interesar, no porque se haya encontrado la solución, sino porque la vida se retira de ellos. Mueren en cuanto dejan de ser urgentes, de manera que ni siquiera se percibe que han muerto, porque no sufren una agonía, sino solamente: se han muerto. 

Algo así va sucediendo con las polémicas que, edición tras edición y con pocas excepciones, provoca el anuncio del palmarés del Zinemaldia. En esta ocasión, fue la Concha de Oro a la interesante Blue Moon, de Alina Grigore, la que provocó las protestas en el marco de una sección oficial en la que la única película que sobresalía por encima de las demás, La hija de Manuel Martín Cuenca, no optaba a los galardones por ser un producción íntegramente española y haber sido exhibida antes en el Festival de Toronto. Así las cosas, no me pareció en absoluto descabellada esta decisión del jurado, aunque sí la de ensanchar el concepto de "interpretación" de forma tan extrema como para considerar premiables a los protagonistas de Quién lo impide, de Jonás Trueba, aunque se cuidaran de hacerlo en la categoría de reparto.

3 de octubre de 2019

Zinemaldia 2019 (4): Gloria abisal



En una de sus más memorables críticas publicadas en El País, el ahora jefe de exposiciones del CCCB, Jordi Costa, sentenciaba a Machete de Robert Rodríguez como "un recital de virtuosismo basura de alma épica, que alcanza la gloria por el camino de la bastardía". Estas palabras resuenan en el momento de abordar una obra tan mayúscula como Zeroville, de James Franco, a la que sería erróneo calificar con un sintagma tan insuficiente como "un acto de amor al cine" (aunque ese peligro parece lejano: en el momento de escribir este texto, el crítico Charles Bramesco en The Guardian la llama "la peor película de 2019"): su categoría es mucho más esquinada y subversiva, y se acerca a lo que Slavoj Zizek acertó a verbalizar como "lo ridículo sublime".