5 de julio de 2007

La ausencia de cine

Creo que no está de más dejar sentado que no todas las películas son cine. Aunque sobre esto nunca existirá consenso universal, podemos afirmar que un tomo con las mejores recetas de Arguiñano, los consejos de Ana Rosa Quintana para mantener el horno limpio o el último mamotreto de César Vidal, recién salido del microondas cual vaso de leche (hablamos de leche falsa, hecha con agua y un poco de cemento blanco), aunque adopten la forma de libro, no pueden considerarse literatura. Del mismo modo, cuando se habla de "cine" en páginas culturales de periódicos, revistas generalistas o, sencillamente, cuando alguien dice que le gusta "el cine", se está errando el tiro. No se está hablando de cine, sino de películas. Algunas, las menos, son cine, y otras no. Las secciones que, muy acertadamente, los periódicos suelen titular Cultura cometerían un craso error si las denominasen Arte. Porque no siempre hablan de arte, sino de cultura; no hablan de literatura, sino de libros, y no hablan de cine, sino de películas.
Es probable que en los estrenos de la industria cinematográfica de esta semana no haya absolutamente nada de cine. El equivalente a un libro de Arguiñano, de Quintana o de Vidal es lo que más abunda en las salas comerciales.
Dicho esto, me gustaría hablar de alguien que pasa por ser director de cine, y que no es más que un manufacturador de películas. He tenido recientemente la "oportunidad" de ver Historia de un beso, dirigida por José Luis Garci en 2002, y es un ejemplo excelente de ausencia de cine en una película. Garci intenta construir varios personajes prototípicos de la España de los 40, y ninguno de ellos supera la condición de marioneta tópica, incapaz de declamar más que parrafadas inverosímiles. El peor papel, sin embargo, es el que le toca a Alfredo Landa, que tiene que encarnar nada menos que a un Escritor Clave en la Historia de España. Este Escritor Clave, recién fallecido, es recordado por un sobrino el día de su muerte, un día en el que, curiosamente, nieva entre paisajes verdes de una zona rural.
Otra vez la nieve. Bernardo Atxaga, y tantos otros, son también muy aficionados a utilizar la nieve. Pobre nieve, ahora convertida en símbolo de incompetencia.
A lo largo de la película vemos una inverosímil y fallida historia de amor de Alfredo Landa con una Ana Fernández convertida en una divorciada pintarrajeada, pero inexplicablemente loca de amor por el viejo mito del destape. Y más explicablemente, es Alfredo Landa quien renuncia a la relación, por la diferencia de edad, aunque por su interpretación se diría que la cosa le provoca bastante indiferencia. A su alrededor, un Agustín González haciendo de cura comprensivo con el ateísmo del protagonista -¡en la España de los 40!-, un sobrino extrañamente papanatas ante el legado del protagonista, y homenajes y más homenajes, la película parece toda una retahíla de homenajes al viejo Escritor Clave que se va jubilando poco a poco.
La película se ancla en un costumbrismo amable y no llega a visualizar ni el más mínimo conflicto. Curioso, en la España de los 40 y no hay pobreza, no hay maquis, no hay torturas, no hay fusilados. Hay unos seres taraditos, a los que basta apretar un botón para que empiecen a soltar sonrojantes simplezas. El Escritor Clave, homenajeado una y otra vez; el cura tolerante, el médico rural, la maestra de escuela joven e idealista,... Juntos van, de tópico en tópico, hasta el ridículo final.
Es curioso que Garci tenga ahora un extraño prestigio en ciertos medios de comunicación conservadores, que le han elegido como el buen cineasta español, hombre clásico y de orden, frente a toda esa turba de gentes de la industria que se atrevió a oponerse a la Guerra de Irak. Garci, por supuesto, no se opuso a la Guerra porque su "amigo Cascos" le había proporcionado un bonito lugar entre las nuevas y abundantes huestes de gentes de la Cultura dispuestos a amar al Partido Popular y a José María Aznar, lo que sin duda redundó en su perjuicio a la hora de valorar la posible continuidad de su programa "¡Qué grande es el cine!".
En todo caso, y a pesar de dicho programa, yo siempre he dudado de que en realidad este manufacturador de películas tenga mucho interés en el cine, más allá de su actividad como director. No creo que alguien que confiesa que prefiere el fútbol al cine, y que a la pregunta sobre la película más destacada de los últimos años, responde "El ala Oeste de la Casa Blanca", considere que el séptimo arte es para él nada más que un amable pasatiempo, que puede ser abordado sin esfuerzo, sin ganas, sin talento, sin pasión.

5 comentarios:

Cristina dijo...

Yo incluso dudaría si las páginas de "cultura" son de cultura. Arte, desde luego, no. ¿Moda, como mucho?
O un batiburrillo inclasificable. De todos modos reconozco que ahí la subjetividad manda, y cada uno nos haríamos una revista cultural, o artística, a nuestro gusto.

En cuanto al cine de Garci, nunca me ha emocionado, nada en absoluto. Ni la "asignatura pendiente" de mi juventud, ni oscar, ni nominaciones, ni goyas, ni ná. Pero no creo que, como dices, no le interese el cine. "Qué grande es el cine", ha sido un gran programa para iniciar en el arte cinematográfico a los que estábamos interesados en ver "algo más" en las pelis y que no teníamos capacidad o nivel para meternos en cosas ultrasesudas. El mérito de hacer un programa cultural, ameno y educativo, hay que reconocérselo. Y me parece lamentable que las afinidades políticas cuenten para quien ha trabajado "bien" con unos y con otros. ¿Queremos una tele pública cambiando de contenidos como los directores generales con cada cambio de gobierno? Yo prefiero buenos profesionales, y no quejarme cuando lleguen los otros y me quiten a lo poco decente que queda por ahí.

Para mí, Garci no ha sido, ni será nunca un genio. Pero le reconozco una buena artesanía, que tampoco se encuentra tanta.

Besico.

Perzival dijo...

"¡Qué grande es el cine!" era, sin duda, un programa con buenas intenciones. Sin embargo, en otras manos podría haber sido un gran programa de cine. Porque Garci se empeñó en poner las películas dobladas y abarrotadas de anuncios, lo que él mismo justificaba con el peregrino argumento de que "así las grabo y dentro de unos años descubro cómo era la sociedad de entonces". Es decir, los anuncios son los que nos dicen cómo es la sociedad. Vaya con Garci. Ése era el principal motivo de que nunca haya soportado ver su programa "en directo": siempre había que grabarlo, para saltarse el aluvión comercial. Por otra parte, en los últimos años del programa Garci se encargó también de abarrotar su programa de conertulios muy cercanos al PP, como Juan Manuel de Prada, Juan Antonio Gómez Angulo, Pío Cabanillas, Luis Alberto de Cuenca, Fernando Sánchez Dragó o Beatriz Pérez-Aranda, sin dar cabida a los mejores críticos cinematógraficos, como Carlos Heredero, Alberto Elena, Casimiro Torreiro...
Fue un buen programa en malas manos. De todos modos, me parece que "¡Qué grande es el cine!" merece una entrada propia. Decidido: próximamente, en el blog, entrada sobre "¡Qué grande es el cine!".

Cristina dijo...

¿De verdad justificaba así los anuncios? ¡! Sí, yo también lo veía (y conservo algunos debates) grabado y saltando la publicidad, y es cierto que sólo le fui absolutamente fiel en su primerísima época. No alcancé a ver este "momento estelar": http://refoworld.blogspot.com/2005/11/qu-grande-es-el-programa-de-garci.html .

"En cualquier caso, y por desgracia para todos, ahora Garci tendrá aún más tiempo de hacer cine." (Blogdecine).

Rain en ZQ. dijo...

Hola. Volviendo.
Recuerdo (es uno de esos recuedos que por lo que impresionan no se olvidan) haber leído en un blog de un realizador que él ve todo tipo de film: los "malos ", "los buenso", "los artísticos", etc.
Que encuentra escenas interesantes en films "malos". Que no tiene prejuicios. Como no tenía abiertta la ventana de comentarios no le pude preguntar hasta qué punto eso era gratificante para él. Como norma para proyectarse hacia el buen cine, no sé si es dable, ver tantos films.
Aquel realizador ostentaba pequeños premios. Ahora lamento no haber guardado su url.

Personalmente detesto ver malas películas, de las que sé son malas por la crítica. Epa, otra vez la crítica como valioso referente.

Cuando Cristina se refiere a Graci como un buen artesano, pienso en aquel realizador. ¿Sería precisamente un artesano?


Salute.

Anónimo dijo...

Vamos a ver,Garci ultimamente se cree el no va mas y los ultimos años sus peliculas son aburridisimas.A mi personalmente "Que grande es el cine" me gustaba incluso descubri peliculas que no habia visto nunca como "La palabra" que me gusto´ aunque se dejó muchas en el tintero como la antigua de "King Kong" una obra maestra . "Asignatura pendiente" es la que mas me gusta de él.Las últimas horribles.