29 de noviembre de 2007

La senectud de Oliveira


Mucha gente se felicita, se asombra y se admira por el hecho de que, a punto de cumplir los 99 años, el cineasta portugués Manoel de Oliveira siga rodando y estrenando una película al año.
Yo, no.
Desde que conozco a Oliveira como director de cine, he cometido varias veces en el mismo error: decidirme a ver “su última película”. Mi actitud ini
cial como espectador está siempre llena de simpatía y admiración para un director que empezó en los años 30 haciendo cine mudo y que hoy sigue en la brecha. “A ver qué nos aporta el genio”, pienso.
Y el genio lo que nos aporta son películas muy malas. Rancias, acartonadas, pretenciosas e insoportablemente reaccionarias. Desde 1999, como mínimo (y no es poca cosa, ya que desde entonces ha rodado diez películas), cualquier parecido de sus filmes con el cine es pura coincidencia.

La carta, más que una obra cinematográfica, parece el largo anuncio de un concierto de Pedro Abrunhosa con imágenes intercaladas de un convento en el que se ha colado la asombrosa Chiara Mastroianni. El presunto juego de ambiciones familiares de El principio de incertidumbre se queda en floja teleserie vespertina. Y qué decir de Una película hablada: actores del nivel de Leonor Silveira (que desaprovecha su carrera de forma incomprensible participando en todos y cada uno de los fallidos intentos de Oliveira), Catherine Deneuve o John Malkovich recitando sin ningún talento ni convicción unos discursos presuntamente eruditos y que parecen sacados de libros como La cultura: todo lo que hay que saber, con el fin de especular sobre el origen y el fin de la civilización. Personajes sin conflictos, con los que parece que basta tocar un botón para que se conviertan en dictadores de clases magistrales.
Por si fuera poco, según veo en IMDB, Oliveira tiene previsto estrenar dos películas en 2008.
Dicho esto, parece que la conclusión más lógica es que a ciertos cineastas les convendría retirarse a tiempo, antes de seguir llenando las pantallas con productos tan alejados del corpus de su obra que pueden acabar por aniquilar totalmente su prestigio. Sin embargo, Oliveira no es el único anciano que sigue rodando. Jean-Luc Godard se acerca a los 80 años y sus últimos filmes (especialmente Elogio del amor y Nuestra música) están a la altura de lo mejor de su obra. Claude Chabrol tiene su misma edad y continúa al ritmo de una película al año, sin perder nunca la compostura y demostrando que seguir la huella de Hitchcock no ha sido una mala opción. Y Jacques Rivette, dos años mayor de Godard y Chabrol, nos ofreció hace cinco años una agradable y sorprendente obra maestra, Vete a saber.
Así pues, el problema no es la senectud. El problema de Oliveira es que, si no se ha retirado con 98 años, ya no lo hará nunca y no parece que haya mucha gente dispuesta a proclamar que el emperador está desnudo.
Pero lo está.

4 comentarios:

poliptoton dijo...

Y digo yo: ¿cómo conseguirá financiación este señor, por muy baratas que sean sus películas?
Demonios, si hasta Wilder o Bogdanovich tuvieron que retirarse porque productores, aseguradoras y demás los consideraban demasiado viejos.
Sin embargo, Antonioni sí que consiguió engañar a algunos hasta casi el final...

Daniel Quinn dijo...

Pues a mí me gusta Oliveira. Combina el rigor de los Straub con un peculiar sentido del humor que le debe bastante a gente como Buñuel, como se aprecia en su última película estrenada por aquí. La carta y El principio de la incertidumbre me parecen divertidísimas y llenas de sabiduría. Una película hablada no me entusiasma tanto, pero le reconozco sus méritos. Creo que, aparte de Rohmer, nadie en el cine actual es capaz de convertir la palabra en algo tan físico. La elocuencia como elemento trascendental :)

Pero bueno, ya sabemos que Oliveira es polémico.
Un saludo!

BUDOKAN dijo...

La verdad que lo de Olivera es un caso récord. Es raro que siga vigente a esa edad. Quién pudiera! Saludos!

Perzival dijo...

A mi las tres películas tambíen me parecen divertidas, pero divertidas de lo cómicamente malas que son.
De hecho creo que veré la peli de Cristóbal Colón con el objetivo de reírme un rato.

Gracias por los comentarios, compañeros.